A veces no sé que es más frío: si las noches de invierno o la gente que me rodea. A decir verdad no estoy sola pero, ¿para qué mentir? A veces es como si lo estuviera y, estoy segura de que todos nos hemos sentido así alguna vez; todos alguna vez en nuestra vida, tarde o temprano, nos hemos sentido más acompañados por unas notas musicales y una bonita voz a su ritmo, que por las propias personas que dicen estar a tu lado.
Puede sonar egoísta, pero muy pocas cosas me han ayudado más que la propia música que me acompañan en la vida. Y digo cosas por no decir personas, personas que dicen estar ahí pero que luego no vemos, y no porque estemos ciegos, sino porque realmente no están, se van, se esfuman como el humo de cualquier cigarrillo. Ahí es cuando piensas ''¿Y yo? ¿yo me fui alguna vez?'', te sientes inútil, destrozado, usado y tirado como la más mísera basura; decides no volver a caer más en trampas de nadie pero sin quererlo vuelves a caer y te odias a ti mismo por ser como eres y no tener el valor de evitarlo como debieses. Odias con todas tus fuerzas ser así, odias ser tú y deseas ser cualquier otra persona que no sea la tuya misma.
Y lo más gracioso no es el abandono de la gente que te ''quiere'', sino que luego son ellos mismos los que vuelven a prometer que estarán contigo hasta que una vez vuelven a fallar y el círculo vicioso se repite.
Moraleja:
Antes de odiarte a ti mismo, piensa antes si realmente merece la pena odiarte por quien es feliz sin ti.